La huelga de tranvías de Barcelona 1M1951

Doce años después de finalizada la guerra y asentado el régimen de Franco, más ahora que veía luz después de atravesar el túnel, se produjo la que se ha considerado primera manifestación popular de rebeldía contra el franquismo.
Al finalizar la década de los 40 no se atisbaban mejoras de vida de los trabajadores tras un periodo ya largo de duras condiciones económicas. En muchas zonas de España los umbrales de la miseria y del hambre estaban más que rebasados.
Al descontento de los trabajadores se iba a unir el de los patronos que presagiaban una brusca subida de precios y las consiguientes peticiones de mejoras de salarios. En Agosto de 1950 más de 200.000 españoles se encontraban en paro con fuertes aumentos en los tiempos inmediatos anteriores. Este contingente de parados se acumulaban en Madrid y en Andalucía.
El encarecimiento de la vida llevó a la creación de un plus salarial compensador que aliviara en algo la situación, pero esa cantidad se percibía con retraso lo que aumentaba el malestar de los trabajadores. En algunas localidades españoles los propios Jefes de las Secciones sociales de los Sindicatos instaban a éstos a mantener una actitud de bajo rendimiento e, incluso, se hablaba de recurrir a la huelga si persistía la demora en recibir el plus compensador.
Las restricciones de energía eran causa del repliegue industrial y del consiguiente engorde del paro. Esta lacra, que vulneraba aquellos principios esenciales expuestos en el Fuero del Trabajo (carta magna de escaso cumplimiento) mostraba oscilaciones considerables en periodos corto de tiempo, lo que era muestra de la existencia de gran cantidad de empleo precario sujeto a la falta de solidez en la estructura de muchas empresas.
Barcelona, como núcleo fundamental de la industria española, exigía de un seguimiento preferente. Preocupaba a la Delegación Nacional de Sindicatos la escasez de materias primas por la repercusión en la producción y sus efectos en las condiciones laborales. Para completar el tenebroso panorama el abastecimiento en la capital catalana era deficiente y el nivel de consumo bajo. El aumento del costo de la vida y los problemas de suministro eléctrico en el otoño de 1950 daban un panorama nada halagüeño. Se estaban perfilando las condiciones favorables para un movimiento de protesta.
Considerada como la primera gran huelga contra el régimen, las causas hay que buscarlas en la crisis económica que sufría Barcelona y el detonante en el aumento de 0,50 a 0,70 ptas. en el billete de los tranvías. Octavillas "infantiles" (así definidas en informe de las JANS) y desprovistas de color político, fueron el primer aviso. Se pasó luego a la protesta universitaria, rotura de lunas de tranvías etc. La respuesta primera por parte de la autoridad fue bastante pasiva, pero hubo una campaña para soliviantar a la población hablando de heridos y muertos. En consecuencia se registró una menor afluencia en los tranvías por protesta de unos y por miedo de otros.
El 1M1951 comenzaron a circular los tranvías, pero sin gentes "empezando la huelga más original de usuarios, conocida hasta las fechas en el mundo".
Se boicotearon los transportes públicos y se produjo, por vez primera en una ciudad española desde el final de la guerra, la presencia de piquetes, algo verdaderamente revolucionario. Era impresionante ver, a primeras horas de la mañana, a los obreros andando varios kilómetros para llegar a los lugares de trabajo, despreciando a los tranvías que deambulaban sin otro pasaje que el conductor, cobrador y un "gris" como protección. Calles llenas de gentes que acuden al trabajo andando, con comentarios acerca de "la prueba de civismo" y "unión de un pueblo harto de abusos". Este espectáculo se repetía al término de la jornada, sin un desmayo por parte de aquellos extraños huelguistas que mostraban su protesta negándose a utilizar el tranvía para su desplazamiento. Durante diez días, nadie subió a ningún transporte público. Pocas veces se volverá a ver en una comunidad de millón y medio de habitantes una unidad de criterio y tan grande perseverancia, sin un desmayo.
Secundaron el boicot, aquel primer día, el 97,7% de los usuarios, según cifras del historiador Josep Termes. La cifra, ya insólitamente elevada, aumentó al día siguiente hasta el 98,7%, y alcanzó el punto máximo el domingo, día 4: 99,9%. Ni 500 personas montaron en tranvía. Esto es, los tranvías sólo llevaban al personal de la compañía, conductor, vendedor de billetes y algún revisor, y la pareja de la policía armada más algún afecto al Régimen que subía por inquebrantable adhesión. Aquel domingo fue la prueba de fuego de la huelga, por dos razones implicadas: jugaba el Barça en casa, en el viejo campo de Les Corts (Barcelona 2-Racing de Santander 1) y además llovía, con lo cual parecía seguro que ante una necesidad no laboral, sino lúdica, ayudada por las condiciones meteorológicas, la voluntat colectiva se quebraría .Pero la huelga no se rompió
Los mandos de la Falange ordenaron, a los afiliados que subieran a los tranvías "cometiéndose la torpeza de publicar en dicha Cía. (en un tablón de anuncios) que no se cobrara a todos aquellos que subieran en los vehículos y exhibieran el carnet del Partido, ya que se interpretó que lo que se pretendía era enfrentar al Partido contra la población general..." Hubo una negativa de los falangistas a secundar lo ordenado y se registraron incidentes los días 3, 4 y 5 de Marzo en la Jefatura Provincial con los mandos nacionales.
El día 6 se bajaron los precios y los falangistas subieron a los tranvías para "romper el hielo". Se registró algún incidente con grupos de mujeres en las proximidades del mercado de San Antonio que intentaban que los viajeros bajaran de los tranvías. Ese mismo día, el Delegado Sindical y el Vicesecretario de Ordenación Social convocaron una reunión de enlaces sindicales (dependientes orgánicamente del Partido único), a la que acudieron tres mil de ellos. El clima estaba caliente, se oyeron insultos contra el Vicesecretario de Ordenación Social. Abucheadas las jerarquías salieron con pánico del lugar mientras arreciaban los insultos de toda índole incluso "mueras" al general Franco.
Una comisión de enlaces partió hacia el gobierno civil para pedir libertad de detenidos. Algunos de ellos hablaron a la asamblea pero ésta no se dio por satisfecha, aunque se disolvió, por agotamiento de los reunidos, hacia las tres de la tarde, tiempo después que los mandos sindicales hubieran desaparecido.
Un hecho resultaba cierto y era que desde la propia organización sindical, a través de sus enlaces se había gestado aquella protesta. Sanz Orrio se sacudía el muerto de encima con dos argumentos: el primero, consistía en insistir sobre la pasividad de la autoridad gubernativa en un primer momento lo que tiene bastante coincidencia con el vivo sin vivir en mí que señalaba Preston ; el segundo, de una torpeza inaudita, en entender que los enlaces sindicales no eran cargos de confianza de la OS sino representación de los obreros. Esta curiosa afirmación realizaba el 14 de Marzo de 1951 en un escrito "urgente y reservado" al Secretario General del Movimiento. Establecía un divorcio en el Vertical, tan real como formalmente negado, que era peligroso para la propia supervivencia del aparato sindical.
La táctica seguida por todo poder de minimizar los problemas arguyendo que se trata de minorías revoltosas no podía estar ajena en la mente del Delegado Nacional de Sindicatos que salvaba la actuación de su sindicato y culpaba del alboroto a unos cuantos enlaces "que son poquísimos"

Estamos ante otro más de los episodios contradictorios de la militancia falangista. En este caso concreto se ha observado la negativa a acatar las órdenes de los superiores por entender que se les quiere enfrentar con la población cargada de razones para la protesta. Resultaba evidente que la militancia de primera línea del Partido único tenían la sensación de que los sindicatos verticales eran órganos burocráticos, una pantomima alejada de sus presupuestos dinámicos. No desaprovecharon, tampoco, la ocasión para echar tierra a los mandos sindicales que eran, no se olvide, mandos del Partido y se llegó a pedir la depuración de jerarcas sindicales, algunos de gran prestigio y de gran proyección futura dentro del Sindicalismo franquista como Vicente García Ribes (fundador de la Organización Sindical en Barcelona, procurador en Cortes por el tercio sindical desde 1943, vocal del Puerto Franco de Barcelona como representante de la CNS). Naturalmente, el final estaba anunciado. Las altas esferas sindicales, sumisas, correa de transmisión del Gobierno, con el Delegado Nacional de Sindicatos al frente, ordenaba la destitución de enlaces, es decir, la depuración de los rebeldes.
Es posible aceptar la entrada de algunos infiltrados en puestos de enlaces sindicales, en esa línea se mueve la historiografía comunista, pero es seguro que la imposibilidad de actuar, incluso lo más mínimo, en contra de las disposiciones gubernativas, tuvo que llevar a muchos, a la fuerza, a engordar otros sectores para la reivindicación. El régimen del general Franco, medularmente anticomunista, ayudó, muy a su pesar, a aureolar el movimiento comunista

El Gobierno acuarteló las tropas y de Madrid llegaron centenares de policías armados para reforzar el dispositivo represivo de la dictadura en la capital catalana. Las autoridades se vieron obligadas a rebajar el billete a su precio anterior, creyendo que con este gesto el problema estaba solucionado, pero este tenía raíces mucho más profundas. Se equivocaron: creían haber arreglado el asunto pero en realidad se había demostrado, a los ojos de todos, que con la unión era posible alcanzar metas hasta entonces inimaginables. Acabado lo de los tranvías comenzó una huelga general, también de impresionantes proporciones y de cariz revolucionario.

La mecha prendió y se transmitió la huelga general en el País Vasco y Navarra en los días siguientes, y se desplazó incluso, aunque muy débilmente, a los recintos universitarios madrileños.

Extractos de texto:
revista Rastroria nº10,

La Guerrilla en Catalunya, Ateneo Libertario Virtual
La rebelión de los tranvias, La Vanguardia 04/03/2001

Bibliografia:
La Vaga de tramvies del 1951
, Fanés, Fèlix. Laia, 1977
El Quadern de Montjuic. Records de la vaga de tramvies. Raguer, Hilari , Claret, 2001

 

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